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LA CONQUISTA FEMENINA DE TRESEROLS (
MONTE PERDIDO)
En
2002, el Monte Perdido está de moda: el bicentenario de la
ascensión de Ramond lo ha situado en el centro de atención
pirineísta. No estará de más que aprovechemos para recordar a
la valiente inglesa que puso presencia femenina en sus 3.355
metros de roca calcárea. Desde luego, teniendo en cuenta la
mentalidad de la época, la hazaña de esta mujer es para tenerla
en un lugar muy destacado de la historia montañera.
La protagonista de la primera
ascensión femenina a la cima de 3.555 metros de altitud fue la
alpinista británica Ann Lister en el verano de 1830. Han pasado
nada menos que 172 años.
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Hoy en día a nadie le
extraña ver a mujeres en picos de 3.000 metros. En septiembre de 2001
hubo un animado grupo de "Montañeras de Aragón" en la cima del
Monte Perdido, realizada en dos jornadas desde Pineta y con vivaqueo en el
Lago Helado de Marboré. Mas, a pesar de los catorce años de edad de la
mayoría de las chicas que protagonizaron una hermosa realidad, ver a
tantas féminas juntas ya ha dejado de ser una rareza minoritaria a 3.355
metros, en lo más alto del Macizo Calcáreo. Remontándonos en el tiempo, nos detenemos en
el lejano estío de 1830, que sí pasará a la historia del alpinismo. En
esta ocasión la auténtica protagonista fue la inglesa Ann Lister, una
mujer no del todo comprendida y a la que en un principio no sólo se le
ignoró, sino que se llegó a dudar maliciosamente de la veracidad de la
hazaña. Desde entonces han pasado 172 años. Ella sí que fue una
pionera.
Durante mucho tiempo, la cima del Monte Perdido resultó la cumbre más
codiciada del Pirineo: no en vano, sus luego competidores, el Vignemale y
el Aneto, no fueron ascendidos sino hasta 1838 y 1842, respectivamente.
Pero, durante el primer cuarto del siglo XIX, todavía se podían contar
con los dedos de una mano los montañeros que habían seguido los pasos de
Ramond (1802): Béranguer (1805), De Marsac (1815), Parrot (1817) y Arbanère
(1820). Parecía inconcebible que esta orgullosa prominencia de 3.355
metros pudiese a recibir la visita de alguna dama. Y, sin embargo, cierta
inglesa se iba a encargar de hacerlo realidad.
La protagonista de la primera ascensión femenina al Gigante Calcáreo se
llamaba Ann Lister, y había nacido en Halifax un 3 de abril de 1791. En
compañía de una amiga, lady Stuart, pasaba el verano de 1830 en el
balneario de Saint-Sauveur. Tras realizar diversas excursiones por la zona
con el guía Jean-Pierre Charles, miss Lister pensó en abordar una meta más
ambiciosa: el Monte Perdido, al que había distinguido desde la cima del
Pic Bergons, el día 19 de agosto. |
La ruta al Perdido |
Su caravana, compuesta por
el guía Charles y el cazador Étienne, saldría a caballo de
Saint-Sauveur
el 24 de agosto, para acercarse hasta Gavarnie, donde pernoctó en el histórico
Hôtel des Voyageurs. Al día siguiente, el trío tomó el camino de las
Échelles de Sarradets y superó el circo de Gavarnie, dirigiéndose al
difícil glaciar de la Brecha de Rolando. Al atravesar este gran portal,
Lister pudo apreciar, en el muro del lado español, la inscripción de la
duquesa de Berry, su antecesora en la Brecha de Rolando. La inglesa llegó
a dormir a una de las cabañas de pastores de Góriz.
La mañana del 26 de agosto, Charles condujo a su cliente por la ruta
acostumbrada en 1830, la de las Escaleras del Monte Perdido. Salieron de Góriz
a las tres y cuarto de la madrugada: tras superar las tres
"escaleras" de fajas rocosas, lograron alcanzar la cúspide del
Monte Perdido a las ocho de la mañana. El récord de altitud femenino en
el Pirineo quedaría así fijado sobre esos 3.355 metros que, en aquel
tiempo, eran la cota más elevada que nadie podía alcanzar en esta
cordillera. Ann Lister permaneció media hora en el Perdido, disfrutando
de esas bellas vistas
desde las alturas que tanta fama le han otorgado a
la montaña de Ramond Carbonnières. Mas no tendría demasiado tiempo para
saborear su éxito: le esperaba el duro camino de descenso hasta Góriz,
la bajada por Ordesa y consiguiente excursión a Torla. Finalmente, esta
inquieta viajera regresaría el día 27 a Francia por el puerto de
Bujaruelo.
La ascensión de miss Ann Lister al Monte Perdido, en el curso de su
primera campaña pirenaica, apenas tuvo resonancia. Durante años se pensó
que esta mujer sólo fue la protagonista de la primera visita turística
al Pique Longue del Vignemale, en 1838. Y, aun en esta aventura, la fama
casi le fue arrebatada por el Príncipe de la Moskowa.
Fuente : Marta
Iturralde Navarro. Heraldo de Aragón |
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